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Entre el ahorro y la estabilidad del país

El anuncio del Gobierno dominicano de aplicar un paquete de medidas para reorganizar el gasto público llega en un momento donde las presiones no nacen dentro del país, pero sí se sienten con fuerza en la vida diaria. El aumento del petróleo, impulsado por la crisis en Medio Oriente, vuelve a poner a economías como la dominicana frente a decisiones que no pueden posponerse.

La meta de liberar cerca de RD$40,000 millones sin afectar compromisos ya asumidos busca ajustar sin desordenar. No se trata de una respuesta improvisada, sino de una reacción obligada ante un entorno internacional que encarece combustibles, presiona la inflación y eleva el costo de vida.

El dato que ofrece el Ministerio de la Presidencia resulta importante para entender la magnitud del problema donde cada aumento sostenido de US$10 por barril representa unos US$763 millones adicionales en la factura petrolera anual. 

En ese contexto, el ajuste planteado busca priorizar, es decir, posponer lo no esencial para proteger lo imprescindible. La reducción de gastos operativos, la limitación de compras, el control en contrataciones y la disminución de partidas como publicidad o eventos reflejan una intención de contener sin paralizar.

Pero el verdadero peso de la medida está en lo que no se toca. Mantener los programas sociales, la asistencia a los sectores más vulnerables y la seguridad alimentaria envía una señal sobre dónde se coloca la prioridad en momentos de tensión económica.

También hay un mensaje político en decisiones como la reducción del financiamiento a los partidos o el recorte de transferencias a entidades que pueden generar ingresos propios. Son movimientos que apuntan a una mayor racionalidad del gasto en todos los niveles.

Sin embargo, el desafío no termina en el anuncio. La efectividad de este tipo de medidas depende de su ejecución, de la disciplina institucional y de la capacidad de sostenerlas en el tiempo sin afectar el ritmo económico del país.

La República Dominicana enfrenta uno de los mayores choques de precios recientes. La respuesta, por tanto, no puede limitarse a resistir el impacto, sino a administrarlo con criterio.