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La esperanza de vida en América Latina volvió a subir: qué significa

EsquinaRD. – La región respira después de uno de los golpes demográficos más fuertes de su historia reciente.

Según datos de la CEPAL, en 2024 la esperanza de vida en América Latina alcanza un promedio de 76 años. Es una señal clara de recuperación tras la pandemia. Pero también deja al descubierto una realidad: no todos avanzan al mismo ritmo.

Mientras países como Chile, Costa Rica y Panamá se acercan o superan los 80 años, Haití permanece en torno a los 65. La brecha es amplia y refleja diferencias profundas en salud, desarrollo y acceso a servicios básicos.

El golpe de la pandemia y el rebote posterior

El COVID-19 marcó un antes y un después.

América Latina fue la región del mundo donde más cayó la esperanza de vida durante la emergencia sanitaria. Entre 2019 y 2021, la pérdida estimada fue de 3.5 años.

El repunte ha sido importante. Sin embargo, el mapa regional sigue mostrando contrastes marcados. Lo que cambió con la pandemia no fue solo un indicador, sino la forma en que se evidencian las desigualdades estructurales.

Un salto histórico en seis décadas

Si se mira en perspectiva, el avance es notable. En 1960, el promedio regional era de 54.7 años. Hoy es de 76. Son casi 21 años adicionales de vida en poco más de medio siglo.

Detrás de ese progreso hay factores concretos:

  • Mejoras en la medicina
  • Expansión de los sistemas de vacunación
  • Avances en saneamiento básico
  • Reducción sostenida de la mortalidad infantil

Al mismo tiempo, la región cambió su estructura poblacional. La tasa de fecundidad pasó de 5.8 hijos por mujer en 1960 a 1.8 en 2024. Esto acerca a América Latina a niveles de economías desarrolladas, pero abre nuevos retos, envejecimiento acelerado y mayor presión sobre sistemas de pensiones y salud.

Los países que encabezan la región

Chile, Costa Rica y Panamá

Chile supera los 81 años y se posiciona como el país más longevo de América Latina. Su desempeño está vinculado a altos niveles de desarrollo humano, cobertura casi universal de partos asistidos por personal cualificado y bajas tasas de mortalidad infantil, además de un sistema de vacunación sólido.

Costa Rica, con 81 años, y Panamá, con 79.8, completan los primeros lugares. En ambos casos, la inversión sostenida en salud pública y el acceso a servicios médicos han sido determinantes.

También destacan Cuba, Uruguay y Colombia, con cifras cercanas o superiores a los 78 años.

Las brechas más profundas

En el extremo opuesto está Haití, con 65.1 años. La diferencia frente a Chile supera los 16 años.

El terremoto de 2010 provocó una caída abrupta, llevando el promedio a niveles cercanos a los 45 años. La recuperación ha sido lenta, marcada por crisis políticas y sanitarias.

Bolivia, con 68.7 años, enfrenta desafíos persistentes. Aunque la recuperación desde 2022 ha sido positiva, la mortalidad materna e infantil sigue siendo elevada. El país registra 160 muertes maternas por cada 100,000 nacidos vivos, frente a 15 en Uruguay.

El gasto en salud también marca diferencias. Cuba destina entre 12.6 y 14 % de su gasto público a sanidad. Venezuela, en contraste, invierte 1.4 %, lo que se refleja en indicadores más modestos.

Qué significa todo esto

La región vive más que hace 60 años. Eso es un logro.

Pero también enfrenta que la esperanza de vida no depende solo del paso del tiempo, sino de políticas públicas, inversión sostenida y acceso equitativo a servicios básicos.