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Salinas de Baní: el plan perfecto para desconectarte y disfrutar en familia

Salinas, Baní.- A menos de dos horas de Santo Domingo, Salinas se presenta como ese escape perfecto para bajar el estrés. Es natural, accesible y familiar, ideal para ir sin mucha planificación y volver con la mente limpia.

Desde Santo Domingo se toma la carretera Sánchez rumbo a Baní. Al entrar a la ciudad, sigues las señales hacia Salinas y Las Calderas. El trayecto es corto, cómodo y seguro, perfecto para hacerlo en vehículo propio o en excursión.

Puedes salir temprano, visitar Baní, pasar por las Dunas, conocer la Mina de Sal y cerrar el día en la playa. Es un recorrido sencillo, sin prisas y perfecto para compartir en familia o entre amigos.

El primer wow: la Mina de Sal

Las montañas de sal son lo primero que atrapa la mirada. Además de su valor económico para la comunidad, se han convertido en un atractivo visual impresionante. Aquí las fotos salen solas y el ambiente te conecta con la esencia del lugar.

Desde el pueblo puedes montar un bote hacia El Derrumbao, una piscina natural de aguas claras y tranquilas. Es una experiencia corta, refrescante y muy disfrutada por adultos y niños, ideal para quienes buscan algo distinto sin mucho riesgo.

La Playa Salinas tiene olas pequeñas y una brisa constante que refresca todo el día. Es perfecta para bañarse con calma y pasar horas sin sofocarse. Detrás hay zonas más tranquilas, solo hay que cuidar los pies por los erizos.

Qué llevar para disfrutar más

Bloqueador solar, gorra o sombrero, agua fría y calzado cómodo no pueden faltar. Si piensas quedarte en la playa, lleva sombrilla, toalla y efectivo, ya que muchos negocios locales no trabajan con transferencias ni tarjetas.

Comer rico y sin gastar de más

Pescado frito, langosta y frituras locales dominan los menús. Todo se consigue fresco, bien hecho y a precios solidarios. Comer frente al mar, con sabor casero, es parte esencial de la experiencia salinera. Si eres de los que prefiere cocinar, puedes llevar tu asador y usarlo sin problema, siempre y cuando no dejes desperdicios.

Parada dulce en el camino

El mango banilejo acompaña el viaje. Comerlo natural, jugoso y recién bajado del árbol es casi obligatorio. También aparecen dulces tradicionales como higo, majarete y arroz con leche que completan el paseo gastronómico.

Para ir, volver y repetir

Salinas no necesita lujos para enamorar. Su mezcla de naturaleza, historia, comida buena y ambiente tranquilo la convierten en un destino que siempre deja ganas de volver… y de recomendar.