Super Bowl LX.— No fue un partido bonito, fue un partido dominante. De esos que se ganan con casco, golpes y paciencia.
Once años después de aquella herida abierta, Seattle Seahawks volvió al Super Bowl para cerrar un capítulo pendiente. Y lo hizo a su manera, con una defensiva asfixiante, un pateador perfecto y un rival que nunca logró sentirse cómodo en el escenario más grande de todos.
El marcador final fue Seattle 29 – New England 13.
Una defensa que recordó a la “Legión del Boom”
Desde la primera serie quedó claro el plan de quitarle el aire a New England.
La defensiva de Seattle fue una aplanadora:
- 7 capturas
- 2 intercepciones
- 1 balón suelto forzado
- presión constante que desarmó cualquier intento de ritmo


Drake Maye pasó la noche corriendo por su vida. Nunca se sintió dueño del partido. Nunca tuvo control. Fue una actuación que recordó a los mejores años defensivos de la franquicia, física, agresiva y sin concesiones.
Jason Myers y la paciencia que gana campeonatos
Seattle perdió el volado y no anotó touchdown en su primera ofensiva. Pero no se desesperó. Ahí apareció Jason Myers, impecable, frío y decisivo. Cinco goles de campo. Cinco.
Al descanso, el marcador decía 9-0. En el tercer cuarto, con el viento en contra y el partido aún cerrado, Myers volvió a cumplir para el 12-0, igualando la marca histórica de goles de campo en un Super Bowl… una marca que todavía no había terminado de escribir.
El golpe que cambió el partido
Antes de cerrar el tercer periodo llegó la jugada que rompió el encuentro. Quinta captura a Maye. Segunda de Derick Hall. Y esta vez, fumble.
Byron Murphy recuperó el balón y Seattle, por fin, capitalizó en grande: Sam Darnold conectó con AJ Barner para el primer touchdown del partido. El 19-0 ya pesaba como una losa.
El intento de reacción… y la respuesta inmediata
New England respondió rápido.
Maye encontró a Mack Hollins, que se escapó 35 yardas hasta las diagonales para acercar el marcador 19-7. Pero si algo tuvo Seattle esa noche fue control emocional. Jason Myers volvió a escena. Patada de 26 yardas. Quinta de la noche.
Récord absoluto de goles de campo en la historia del Super Bowl.nSeattle no soltaba el partido.
La jugada que selló la historia
Y todavía faltaba una imagen para la memoria. Maye volvió a ser golpeado. El balón salió. Uchenna Nwosu interceptó y recorrió el campo hasta la zona prometida.
Primer touchdown defensivo de su carrera. En un Super Bowl.En una noche perfecta para Seattle.
Orgullo, pero sin milagro
Los Patriots maquillaron el marcador en los minutos finales con un pase de Maye a Rhamondre Stevenson, dejando el resultado en 29-13.
Pero ya era tarde. El partido tenía dueño desde mucho antes.
La revancha llegó
Seattle no necesitó fuegos artificiales ofensivos. Ganó con defensa, disciplina y ejecución. Once años después, la revancha fue completa.
Y el Super Bowl LX quedó marcado como la noche en que los Seahawks volvieron a la cima a su manera.
Porque a veces, los campeonatos no se ganan brillando, se ganan resistiendo.
La apuesta que también se perdió
La noche no fue dura solo para los Patriots. Drake también salió golpeado.
El artista perdió 1 millón de dólares tras apostar a una victoria de New England en el Super Bowl. Pero Seattle se llevó el título sin titubeos, dejando la apuesta del rapero en nada.
Para los Seahawks, fue como quitarle un pelo a un gato, firme, sin drama y sin mirar atrás.

