La agenda del presidente Luis Abinader en Dubái, en el marco de la Cumbre Mundial de Gobiernos 2026, no debe leerse como una gira protocolar ni como una foto más en el exterior. Ocurre en un momento donde los países compiten activamente por inversión, logística, confianza y acceso a cadenas globales que se están reordenando.
Dubái no es un destino simbólico. Es uno de los centros neurálgicos del comercio, la logística y la toma de decisiones económicas a escala global. Estar ahí, reunirse con actores clave y sostener una narrativa de estabilidad democrática y previsibilidad institucional es una señal clara de hacia dónde se quiere colocar a la República Dominicana.
La reunión con DP World, uno de los mayores operadores portuarios del mundo, refuerza esa lectura. No se trató solo de un recorrido por instalaciones, sino de una conversación sobre el país, la conectividad, puertos, hub logístico y capacidad de insertarse con peso propio en el comercio internacional. En un contexto donde las rutas, los puertos y la eficiencia logística definen la competitividad, ese diálogo tiene implicaciones de largo plazo.
Este tipo de agenda marca una diferencia importante, no se sale a buscar inversión desde la urgencia, sino desde una propuesta clara. La República Dominicana se presenta como un socio confiable, con reglas, estabilidad y visión estratégica. Eso no garantiza resultados automáticos, pero sí coloca al país en el radar correcto.
Desde esta redacción, la relevancia está en entender que estas decisiones no son aisladas ni inmediatas. Son piezas de una construcción mayor para definir qué lugar quiere ocupar el país en el mapa económico global y qué tan preparado está para sostenerlo en el tiempo. El reto, como siempre, será que ese posicionamiento internacional tenga coherencia interna y beneficios reales para la gente.

