La firma del decreto 113-26, que declara de Alto Interés Nacional la construcción del primer Puerto de Intercambio Digital de Latinoamérica impulsado por Google en la República Dominicana, debe leerse más allá del anuncio de una inversión superior a US$500 millones. Se trata de una decisión que coloca al país en el centro de una conversación global sobre conectividad, datos y competitividad.
En un escenario donde la economía digital redefine cadenas de valor, comercio y servicios, la infraestructura tecnológica se convierte en un activo estratégico. Conectar de manera directa y robusta con Estados Unidos y la región no es solo un asunto técnico, es una señal de posicionamiento. La República Dominicana busca dejar de ser un punto periférico para convertirse en centro de tráfico digital entre Norte, Centro y Sudamérica.
El contexto explica la urgencia. El país opera actualmente con seis cables submarinos, la mayoría con más de 15 años de servicio, y con una conectividad directa limitada hacia territorio estadounidense. El nuevo proyecto triplicará los cables directos hacia Estados Unidos, multiplicará por diez los pares de fibras disponibles y creará un anillo submarino con redundancia, elevando la resiliencia y confiabilidad de la red nacional.
Más allá de la infraestructura, el almacenamiento local de contenido reducirá la latencia y mejorará la calidad del servicio. La conexión con regiones de Google Cloud en Estados Unidos abre espacio a tecnologías avanzadas y nuevas oportunidades para empresas y emprendedores.
En un contexto donde el tráfico digital crece aceleradamente, la decisión apunta a consolidar al país como hub regional de datos. El desafío será traducir este posicionamiento estratégico en desarrollo tangible y beneficios reales para la población.

