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Laura Fernández: primera vuelta, cambio político y una Costa Rica que se reconfigura

EsquinaRD. – La política costarricense acaba de vivir un momento histórico, Laura Fernández, candidata de derecha por el oficialista Partido Pueblo Soberano (PPSO), ganó la presidencia de Costa Rica en la primera vuelta electoral y fue elegida como la próxima mandataria del país para el periodo 2026-2030.

Fernández no solo alcanzó más del 48 % de los votos, superando cómodamente el umbral del 40 % necesario para ganar sin balotaje, sino que consolidó un viraje político profundo en un país que durante décadas se pensó como bastión centro-izquierdista y moderado en Centroamérica.

De la continuidad a la transformación

Su victoria es, en muchos sentidos, una confirmación de continuidad política del proyecto iniciado por el presidente saliente, Rodrigo Chaves, quien no podía reelegirse por mandato constitucional. Fernández, con apenas 39 años, representa una nueva generación de liderazgo conservador y pragmático, que recoge el impulso de seguridad, orden y reformas que han sido tema central en la campaña oficialista.

Pero el impacto va más allá, Costa Rica cambia el rumbo político que se había consolidado en las últimas décadas y lo hace con una mandataria joven, con discurso firme en seguridad ciudadana y cambios estructurales en la administración pública. La votación elevada y la amplia ventaja sobre su principal rival del Partido Liberación Nacional —que quedó alrededor del 32 %— señalan que buena parte del electorado decidió apostar por ese giro.

Un mensaje a la región

En un momento en que América Latina vive debates intensos sobre el rol del Estado, la seguridad, la economía y el orden social, Costa Rica se suma a un grupo de países que han puesto en la presidencia a figuras con discursos de mano dura frente a la violencia, mayor énfasis en la estabilidad institucional y una visión más conservadora en lo económico y lo social.

Esa referencia no pasa desapercibida para los analistas, la política costarricense se vuelve a alinear con corrientes que han tenido eco en otras capitales latinoamericanas, sin perder por completo las aspiraciones tradicionales de diálogo y cooperación que han definido la histórica neutralidad costarricense.

¿Qué cambió en la percepción ciudadana?

La campaña de Fernández se enfocó en lo que muchos costarricenses sienten como prioridades:

  • Seguridad pública: respuesta más dura frente al crimen y fortalecimiento del aparato policial.
  • Economía y empleo: promesas de mayor dinamismo y apertura a inversiones.
  • Orden institucional: retrato de un liderazgo fuerte frente a la incertidumbre regional.

Estos temas resonaron especialmente entre sectores urbanos, jóvenes electores y poblaciones que han experimentado sensación de inseguridad o desconfianza en las instituciones tradicionales.

El desafío legislativo

Aunque la victoria presidencial fue contundente, su partido no obtuvo mayoría abrumadora en la Asamblea Legislativa. Esto significa que aunque Fernández tendrá la banda presidencial, necesitará consensos con otras fuerzas políticas para avanzar con reformas profundas, incluida cualquier modificación constitucional o iniciativa de gran impacto nacional.

Este equilibrio entre fuerte mandato popular y desafíos en el Congreso será una de las claves del próximo gobierno y marcará si la férrea agenda anunciada en campaña puede transformarse en resultados concretos.

Un antes y un después en la historia política de Costa Rica

Ganarle en primera vuelta no solo es un dato técnico del sistema electoral costarricense —es una señal de apoyo claro de una parte significativa de la ciudadanía a un proyecto político definido, joven y con ambiciones de cambios estructurales.Laura Fernández no llega como una presidenta más. Llega como la voz de un giro político, con la mirada puesta en desafíos complejos como la seguridad, el crecimiento económico y la reorganización del Estado costarricense.