Davos.- Emmanuel Macron, presidente de Francia, apareció en el Foro Económico Mundial con gafas de sol tipo aviador y un ojo visiblemente enrojecido. La razón fue médica, un derrame ocular que, según el propio presidente francés, es “completamente inofensivo”, pero que terminó convirtiéndose en parte del mensaje.
Desde días antes, por indicación médica, Macron había usado lentes oscuros en actos oficiales, desde visitas militares hasta reuniones en el Elíseo. En Davos, la imagen se consolidó y fue leída como resiliencia en medio de un contexto global tenso.
Lejos de esquivar el tema, el mandatario lo abordó con ironía. “Disculpen la fea apariencia de mi ojo. Es algo sin importancia”, dijo, antes de bromear con una referencia al ‘Ojo del Tigre’, símbolo de determinación y resistencia.
El contraste fue evidente, un gesto ligero, casi anecdótico, frente a un discurso cargado de advertencias sobre el rumbo del orden internacional. En Davos, incluso los detalles más pequeños terminan hablando.


Sobre el Foro
El Foro Económico Mundial es un espacio donde líderes políticos, empresarios y organismos internacionales tantean el pulso del mundo y adelantan movimientos.
En esta edición, el tono ha sido incertidumbre global, tensiones geopolíticas y un sistema internacional que muchos consideran debilitado. Macron lo resumió sin rodeos al advertir que el mundo se acerca a un escenario “sin reglas”, donde pesa más la fuerza que el derecho.
Sin mencionar nombres, respondió a presiones comerciales desde Estados Unidos y alertó sobre intentos de subordinar a Europa mediante aranceles y acuerdos desiguales. Su llamado fue directo, la Unión Europea debe usar todas sus herramientas para proteger su economía y su seguridad.
Davos funciona como termómetro y antesala. Lo que allí se dice no siempre se decide de inmediato, pero marca líneas, anticipa conflictos y define prioridades para el año que viene.

