Santo Domingo. – No fue una intervención breve ni tampoco una lectura acelerada de cifras. El presidente Luis Abinader permaneció 2 horas y 44 minutos en el podio de la Asamblea Nacional, en la que se convirtió en su rendición de cuentas más prolongada desde que llegó al poder.
El reloj marcaba las 10:28 de la mañana cuando tomó la palabra, justo después de concluir la intervención del presidente del Senado, Ricardo de los Santos. Terminó a la 1:12 de la tarde. Con ese tiempo superó su propio récord anterior, establecido en 2023, cuando habló durante 2 horas y 36 minutos.
Una curva que ha ido en ascenso
La duración de sus discursos del 27 de febrero ha cambiado notablemente con los años. En 2020, recién juramentado, habló apenas 44 minutos. Luego fue ampliando el espacio, más de una hora en 2021, casi dos en 2022, y desde 2023 sus intervenciones han sobrepasado ampliamente ese umbral.
El hemiciclo marcó el ritmo

La extensión no solo dependió del contenido. El ambiente dentro del Congreso influyó en el tiempo final.
Durante el discurso se produjeron más de 100 interrupciones por aplausos. Cada pausa obligaba al presidente a detenerse unos segundos y retomar el hilo. En varias ocasiones las ovaciones se extendieron por más de medio minuto, especialmente cuando mencionaba proyectos de infraestructura o iniciativas económicas.
Hubo momentos claramente estimulados desde el podio. Cuando anunció el proyecto del puerto espacial en Oviedo, Pedernales, pidió un aplauso para el representante extranjero presente en la sala. La reacción fue inmediata y prolongada.
También generó respaldo cuando pidió que se pusieran de pie beneficiarios de programas sociales invitados al acto. La escena añadió un componente visual al discurso.
En total, al menos 26 veces el público se levantó de sus asientos en señal de apoyo.
El tono más firme
El tramo más contundente llegó al abordar la corrupción. Ahí el discurso cambió de matiz. Bajó el ritmo, endureció la voz y lanzó una de las frases más categóricas de la jornada:
“No habrá tregua, no habrá contemplaciones y no habrá marcha atrás. En este gobierno no existen intocables. No existen protegidos. No existen excusas. Nadie está por encima de la ley”.
Fue uno de los puntos más intensos y también uno de los más aplaudidos.

Once minutos de obras, provincia por provincia
En otra parte del discurso, el mandatario dedicó cerca de 11 minutos a enumerar proyectos ejecutados en distintas provincias. La lista fue extensa y provocó varias rondas de aplausos consecutivos. El hemiciclo alternaba entre sentarse y ponerse de pie mientras avanzaba en el recorrido territorial.
Espacios menos formales
Entre datos económicos y anuncios, también hubo momentos más ligeros. Durante los saludos iniciales hizo una mención particular a su suegra, presente en la actividad, lo que generó sonrisas en la sala.
Más adelante, en medio de la explicación sobre entrega de títulos de propiedad, bromeó con la vicepresidenta Raquel Peña: “No Raquel, tú no vas, voy yo”.
En un gesto más cercano, pidió que se pusiera de pie un niño que le había dicho en una actividad: “Sin educación no hay nación”. Presentó también a su madre, profesora de Educación Física, y prometió recibirlos para una fotografía en el Palacio Nacional.
Un cierre con énfasis político
El discurso terminó con un tono firme, apelando a la continuidad de su gestión y reforzando la idea de no retroceder en las reformas impulsadas.
Así concluyó una rendición marcada por la duración, la reacción constante del público y un equilibrio entre cifras, mensajes políticos y momentos personales.

