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Cuando el equipo volvió a casa: así se gestó la idea de jugar el Clásico en RD

EsquinaRD. – Lo que hoy se celebra como un paso importante para el béisbol dominicano comenzó, en realidad, con una charla sencilla. Una de esas conversaciones entre gente que ama este deporte y que entiende lo que significa para el país.

Ahí estaban Omar Minaya y Nelson Cruz, hablando no solo de estrategia, sino de algo más profundo, cómo lograr que el equipo del Clásico Mundial de Béisbol se sintiera más cerca de su propia gente.

La pregunta era simple, pero poderosa: ¿por qué nuestros niños no han tenido la oportunidad de ver a sus ídolos vestir el uniforme nacional en casa?

Una relación que viene de lejos

SANTO DOMINGO, DOMINICAN REPUBLIC – MARCH 02: Juan Soto #22 and Vladimir Guerrero Jr. #27 of Team Dominican Republic joke during the 2026 World Baseball Classic workout day at Estadio Quisqueya Juan Marichal on Monday, March 2, 2026 in Santo Domingo, Dominican Republic. (Photo by Mary DeCicco/WBCI/MLB Photos via Getty Images)

Minaya recordó que su vínculo con Cruz no es reciente. Se conocen desde hace años, incluso desde la etapa en que el ejecutivo trabajaba en Grandes Ligas. De hecho, contó que Cruz fue el primer jugador que asignó durante su gestión con los New York Mets.

Desde entonces, más que una relación profesional, comparten una mirada parecida sobre el béisbol dominicano y la responsabilidad que implica representarlo.

¿Por qué no jugar en casa?

Mientras países como Estados Unidos y Puerto Rico han organizado partidos vinculados al Clásico en su propio territorio, República Dominicana no había dado ese paso.

Eso significaba algo muy concreto: generaciones completas creciendo sin ver, en vivo y en su tierra, a las principales figuras del país defendiendo la bandera en un escenario previo al torneo.

De esa reflexión nació la idea de traer los juegos de preparación al país, en lugar de mantenerlos en los complejos de entrenamientos primaverales, como suele hacerse.

Más que deporte: organización y visión

La propuesta no se quedó en lo emocional. También había un componente organizativo y comercial importante. No era solo montar un juego; era estructurar un evento de alto nivel, con respaldo institucional y coordinación internacional.

El proyecto recibió el apoyo de la Oficina del Comisionado de Grandes Ligas y contó con el impulso de Cruz y Albert Pujols. Luego se sumó el aval del Gobierno dominicano, lo que terminó de abrir el camino para hacerlo realidad.

Minaya subrayó que fue un esfuerzo colectivo, dirigentes, exjugadores y autoridades trabajando en la misma dirección para materializar algo que nunca antes se había hecho.

El estadio lleno y el orgullo en la calle

La respuesta del público no tardó. Niños con camisetas, adultos emocionados, familias completas en el estadio. No era solo un partido de exhibición; era la posibilidad de sentirse parte.

En el ambiente se respiraba orgullo por una historia que no empezó ayer, una tradición que viene desde figuras como Juan Marichal y que hoy sigue marcando generaciones.

Para Minaya, lo que se vivió se puede resumir en una frase que lo dice todo: “Lo que se vivió fue alegría y celebración del béisbol como se supone que sea”.